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¿Qué diferencia a los detergentes ecológicos de los convencionales?

¿Qué diferencia a los detergentes ecológicos de los convencionales?

“En casi todo”. Ésa podría ser una respuesta escueta a la pregunta del título, tanto si nos referimos a la composición química de unos y otros productos como si analizamos su interacción con el medio natural o su contribución a la sostenibilidad. Y es que si observamos fórmulas de ambas variedades, pocos ingredientes encontraremos en común. También obtendrían notas radicalmente distintas en cuanto al impacto ambiental. Casi que lo único en lo que se parecen es en que ambos limpian.

La tabla siguiente resume los principios que se siguen genéricamente al fabricar detergentes ecológicos, y que no son tenidos en cuenta en los laboratorios convencionales.

Cada marca de detergente ecológico satisface los principios mostrados en la tabla en mayor o menor medida, puesto que no existe una definición oficial universal de “detergente ecológico”.

Siendo todas las diferencias señaladas en la tabla importantes, la relacionada con un impacto más inmediato del detergente sobre el medio es la primera. Que después de lavar la ropa o los platos el agua sea o no perjudicial para el medio ambiente depende de cuán biodegradables sean los ingredientes del detergente. ¿Qué significa esto?

Ser o no ser velozmente biodegradable

Puesto que su principal cometido es limpiar, el elemento activo más importante de un detergente (y a menudo el más abundante, si no contamos el agua) son los surfactantes o tensioactivos: sustancias que reducen la tensión superficial del agua –gracias a lo cual ésta penetra más fácilmente en las superficies a limpiar– y con un polo que se combina químicamente con la grasa y otro que tiene afinidad con el agua. Así, por un lado “agarran” las partículas oleosas que adhieren la suciedad a la superficie a limpiar, y por el otro se disuelven en el agua del aclarado y se van con ella.

Las fórmulas de detergencia incluyen otras sustancias que cumplen misiones diversas, como retener el calcio del agua, quitar manchas, preservar el color de las prendas o eliminar olores.

Las aguas de ríos, lagos y mares están repletas de plancton, un conjunto diverso de seres vivos en muchos casos de tamaño microscópico pero fundamentales para la vida: son los principales responsables de la presencia de oxígeno en la atmósfera, y de producir la materia orgánica que alimenta a todos los seres vivos que habitan las aguas, dulces y saladas.

Las membranas celulares de los organismos del plancton contienen grasas. Por lo tanto, al entrar en contacto con ellas, los surfactantes las alteran o destruyen. En otras palabras: los surfactantes son tóxicos para la vida acuática. Como también pueden serlo otros ingredientes, por eliminarla o desnaturalizarla de una u otra forma. Por ejemplo, los fosfonatos modifican los ciclos vitales del microcrustáceo dafnia, lo cual constituye un indicador de su toxicidad para otros organismos incluso en cantidades pequeñas.

Cuando las moléculas presentes en los detergentes se “desmontan” en átomos sin carga iónica, dejan de causar alteraciones a su alrededor. En esto consiste la biodegradación.

Cualquier sustancia es biodegradable, la cuestión está en cuánto tarda en descomponerse. Por ejemplo, en análisis de medios acuáticos realizados en 2003 se encontraron rastros de un surfactante convencional que dejó de usarse en los años 80. Así, una de las metas más perseguidas por un químico en el sector de los detergentes ecológicos es conseguir fórmulas que se biodegraden lo más deprisa posible, para molestar durante el mínimo tiempo a los seres vivos de las aguas.

Ingredientes y daños ambientales

Una de las peores problemáticas ambientales a las que han contribuido los detergentes es la eutrofización: una explosión de la población de fitopláncton provocada por una llegada exagerada de nutrientes, en concreto nitrógeno y fósforo, que acaba eliminando toda la vida en el medio acuático; este fenómeno es el que causó la muerte del lago Erie. Entre las fuentes importantes de fósforo están los fosfatos, presentes en prácticamente todos los detergentes convencionales para lavavajillas hasta enero de 2017, cuando finalizó la prórroga que la UE les había dado para contener fosfatos. Ahora está permitida una cantidad tan pequeña que han prácticamente desaparecido.

En las etiquetas de los detergentes se nos da algo de información acerca de su fórmula, aunque poca acerca de sus impactos ambientales. Hablamos más a fondo de esto en el siguiente artículo.



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